Cómo nuestras necesidades básicas y heridas de la niñez marcan la autoestima.
La autoestima como habremos leído en mucho sitios se conceptualiza como el amor a sí mism@, la valía personal y que planta las bases para caminar por la vida con seguridad. Sin embargo, la autoestima no es algo con lo que nacemos o traemos como equipamiento genético.
La autoestima se determina por el grado de apego y seguridad con el que crecemos en nuestro seno familiar. En otras palabras, que nuestras necesidades básicas de la niñez sean satisfechas de manera adecuada. Esto nos permitirá crecer con seguridad y con la sensación de que somos reconocidos, aceptados, atendidos y amados; primero, por las figuras más importantes en la vida de un ser humano que son sus padres o las personas que representen sus figuras parentales para después poder establecer relaciones sociales y amorosas saludables.
Sucede que no siempre las necesidades básicas son satisfechas puesto que cada familia es diferente y tiene diversos grados de salud emocional ,las grandes carencias emocionales pueden provocar heridas afectivas y de apego que unido a factores psicosociales forman un guion de vida que lleva a las personas a tener conductas que pueden ser autodestructivas como en el caso de las adicciones, pensamientos autodevaluatorios que generan timidez, inseguridad y ansiedad, conductas compulsivas, relaciones destructivas de pareja y codependencia, impulsividad y explosiones de ira, entre otras. Es en terapia donde podemos revisar las conductas que no nos gustan o son poco saludables, y analizar si mucho de lo que hacemos ahora de manera inadecuada tiene que ver con nuestras carencias infantiles. Podemos descubrir y darnos cuenta si caminamos por la vida demandando necesidades afectivas desde nuestra postura y herida infantil a los adultos que nos rodean, nuestra pareja o hijos. Cuando logramos tener la capacidad de ver eso que nos duele o hace falta podemos mejorar nuestra autoestima, sanar y gestionar adecuadamente las emociones.
